Empresas caníbales

Fue a Charlie Munger al primero que le escuché hablar de empresas caníbales. Decía que le gustaba invertir en empresas caníbales. Y esto son empresas que recompran tal cantidad de acciones que se acaban “comiendo” a sí mismas. Charlie Munger ha sido la mano derecha de Warren Buffett desde que este se dio cuenta de que era un excelente inversor.

Introducimos este párrafo en el último momento, una vez concluido el artículo. Mientras escribíamos este artículo, Charlie Munger ha fallecido. Ha sido una persona muy inteligente que ha dejado mucho conocimiento a la comunidad inversora. Y no solo ha dado buenos consejos sobre inversión, sino también sobre la vida en general. Fue una persona que se encontró con adversidades importantes a lo largo de su vida y siempre se recompuso y continuó creciendo en muchos aspectos de la vida. Una persona que no solo se ha enriquecido, sino que ha enriquecido a los suyos y a todos aquellos que confiaron en él, y lo ha hecho aportando valor a la sociedad.

Volviendo a las empresas caníbales, una empresa tiene dos formas de devolver valor al accionista con los beneficios que produce. La primera manera es mediante el reparto de dividendos. Esto es coger una parte de los beneficios y repartírselos de manera directa al inversor. Al inversor le llega el dinero a su cuenta bancaria y tiene que pagar impuestos por este dinero que recibe.

La segunda manera es mediante las recompras de acciones. La empresa coge una parte de los beneficios y compra en el mercado tantas acciones de la empresa como puede; y las elimina. Esto es una manera indirecta de devolver valor al accionista. Es indirecta porque el dinero no le llega directamente; pero bien hecha es muy poderosa.

En España, desde donde escribimos este artículo, tradicionalmente ha habido mucha cultura del dividendo. Todavía la hay. Recuerdo a mi abuelo hablarme del dividendo que recibía de Telefónica y BBVA. Se puede decir que en el subconsciente colectivo del inversor español, y seguramente en muchos países de Sudamérica pasará lo mismo, tiene mucho peso la importancia del dividendo. A mí me ocurría. Por eso hace años tenía acciones españolas que daban buenos dividendos.

Pero las palabras de Charlie Munger me hicieron reflexionar. Yo, que soy muy práctico, pensé: “no tiene sentido: ¡será mejor que te llegue el dinero de manera directa!”. Pero el tipo en cuestión era muy inteligente y era el socio del mejor inversor de todos los tiempos. Así que traté de comprender por qué le daba tanta importancia a las recompras de acciones. Y tras muchas reflexiones y varias inversiones en empresas “caníbales”, lo comprendí. Las recompras de acciones, bien hechas, son más poderosas que el reparto de dividendos.

Sepa el lector que la idea que vamos a lanzar en este párrafo probablemente será lo más importante que pueda leer en esta web. Y lo más importante que tiene que tener claro si quiere llegar a ser un buen inversor. La evolución del precio de una acción, en el largo plazo, está directamente relacionada con la evolución del beneficio por acción de la empresa. En el corto o incluso a medio plazo, esto puede no ser cierto, por distintas cuestiones. Puede haber ruido, cosas extrañas, cosas que no comprendamos… Pero en el largo plazo esto es como si fuera una ley física. Si el beneficio por acción de una empresa sube, el precio de la acción va a subir aproximadamente en la misma proporción. Si el beneficio por acción baja, la acción va a bajar. Insisto: esto, en el largo plazo, es tan cierto como la ley de la gravedad. Howard Marks escribe en su libro: “Cuando el mercado funciona adecuadamente, el valor ejerce una atracción magnética sobre el precio”. Se refiere a esto.

El beneficio por acción —o EPS por sus siglas en inglés, vayámonos familiarizándonos con este término— no es otra cosa que el beneficio neto que produce la compañía dividido por el número total de acciones. Si la empresa recompra acciones, es decir, compra en el mercado un buen paquete de acciones y las elimina, el denominador del cociente con el que se calcula el EPS disminuye y, por tanto, el propio EPS crece. Si la empresa es una empresa caníbal, esto es una empresa que recompra muchísimas acciones, el EPS crece con fuerza. Y al crecer con fuerza, el precio de la acción, en circunstancias normales o en el largo plazo, le sigue en esa dirección. Si a eso añadimos que estamos hablando de buenas empresas que crecen y van aumentando los beneficios, nos encontramos con empresas cuyos beneficios por acción crecen con fuerza. Y esto, como decía Howard Marks, tiene una atracción magnética sobre el precio de la acción.

Los puristas defienden que matemáticamente se devuelve el mismo valor al accionista. Y en cierta forma, teóricamente, esto es cierto. Pero no olvidemos que la inversión es un arte, no es una ciencia. En la inversión tiene mucho peso la sicología de los inversores.

Las recompras de acciones —bien hechas— tienen varias consecuencias positivas que el reparto de dividendos no tiene. La primera es que el beneficio por acción crece con más fuerza. Esto es lógico, puesto que el denominador con el que calculamos el EPS disminuye. Y en los mercados, los buenos inversores están dispuestos a pagar precios más altos por las empresas cuyos beneficios por acción crecen con más fuerza.

Por otra parte, las empresas “caníbales”, como recompran de manera sistemática muchas acciones, siempre tienen planes de recompras de acciones en marcha. Y cuando viene una crisis, y las crisis vienen, ocurre que bajan las acciones de las malas empresas pero también bajan las acciones de las buenas empresas. En las crisis fuertes normalmente baja todo, lo malo y lo bueno. En esos momentos, las empresas caníbales aprovechan sus planes en marcha de recompra de acciones para eliminar del mercado muchas más acciones de lo que hacen habitualmente. Y la consecuencia es clara: la empresa caníbal aprovecha la crisis para eliminar del mercado más acciones. Y cuando la crisis pasa, su beneficio por acción crece con más fuerza todavía.

Por este último motivo consideramos que es bueno tener en cartera siempre un 30 % o 40 % —o incluso más— de acciones de empresas caníbales. Sicológicamente, da mucha tranquilidad afrontar una gran crisis con varias empresas caníbales en cartera. No olvidemos que una buena parte de la inversión es sicología. Cuando aparezca la crisis y la acción de la empresa “caníbal” baje, el inversor inteligente pensará: “la empresa va a aprovechar para eliminar más acciones del mercado… El EPS subirá con fuerza… Y en el largo plazo esto es muy bueno…”.

Para terminar el artículo dejemos claro que aquí, en el inversorpaciente.com, valoramos más las recompras de acciones bien hechas que el reparto de dividendos. Consideramos que las recompras de acciones son más poderosas. Y nos encantan las empresas “caníbales”.

¿Qué es una recompra de acciones bien hecha? Todo lo que sea recomprar acciones con fuerza por encima de PER 30 consideramos que empieza a no tener sentido. Y recomprar acciones por encima de PER 40 o 50 pensamos que empieza a ser un disparate. Pero si la empresa cotiza en su rango de PER razonable, recomprar acciones con fuerza, incluso sin repartir dividendo, consideramos que es maravilloso.

Para cerrar el artículo indicaremos varias empresas caníbales y el PER aproximado al que cotizan el día que se escribió este artículo. Muchas gracias, atento lector, si has llegado hasta aquí. Esperamos haberte aportado valor.

Apple – PER 31

Applied Materials – PER 20

O’Reilly Automotive – PER 25

Autozone – PER 19

HCA Healthcare – PER 13

Y hay muchas más. Hay cientos de empresas caníbales cotizando ahí fuera. Profundizaremos en alguna de estas empresas en futuros artículos.

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